Esta sección tiene por objetivo acercarnos a la realidad de la infancia y juventud en América Latina y el uso que le dan a las tecnologías digitales en una región heterogénea y desigual. 

 

América Latina es una región muy diversa. Las circunstancias, etapas y coyunturas de los países son variadas, desde donde nace también la riqueza y pluralidad de ideas, pensamientos y conocimientos. En ese sentido, y ateniéndonos a cada contexto sociocultural, las tecnologías pueden presentar tanto oportunidades como también desafíos.

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Partiendo por acercarnos a la realidad de los niños, niñas y jóvenes de Latinoamérica, según  el último reporte de UNICEF sobre la infancia y adolescencia, Panorama Social 2016, 195 millones de niñas, niños y adolescentes viven en la región.

Número que puede variar dependiendo de los rangos etarios que abarquen al grupo de los niños y adolescentes. Por ejemplo, la Convención de los Derechos del Niño (CDN) entiende a la niñez como todos los seres humanos menores de dieciocho años de edad, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la población adolescente como los habitantes entre diez y diecinueve años,  por lo que el número disminuye a 106 millones.

La región más desigual del planeta

Según datos del Banco Mundial, la pobreza infantil en América Latina y el Caribe ha disminuido en un tercio entre 2004 y 2014, aunque según el mismo organismo, los niños y niñas siguen siendo más propensos a vivir en pobreza que los adultos. La institución señaló que el porcentaje de niños y niñas menores de 15 años que vivía con menos de US$4 al día en el 2014 fue de un 36,4%, cifra que disminuyó desde el 2004 donde alcanzó el 53,8%.

Pero hoy en día se entiende que la medición de la pobreza es multidimensional y  que no solo abarca factores económicos, sino que también distintas situaciones de privación como lo son la educación, salud, vivienda, discriminación, seguridad, información, entre otros. En este sentido, según cifras de UNICEF, “dos de cada cinco niños y niñas están privados de por lo menos uno de sus derechos básicos como son el acceso al agua potable, saneamiento, nutrición, vivienda, educación e información”.

Aunque también la región ha tenido progresos importantes en el útimo tiempo. El Banco Mundial  ha destacado que la desigualdad ha disminuido en la mayoría de los países de América Latina durante los últimos 15 años, tal y como se puede apreciar en el siguiente gráfico.

El acceso a servicios de vivienda, educación, entre otros, también se ha igualado en el tiempo, pero aún falta un largo camino para acortar las brechas. Por señalar un ejemplo, en en el año 2014 la tasa de cobertura de educación primaria completa de Argentina fue de 90,5%, mientras que en Colombia solo se cubrió el 65,1%.

Un reciente estudio de Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) lo confirma. Sin importar los grandes avances que se han dado en América Latina durante lo que va del siglo XXI, el informe Panorama Social de América Latina 2016, presentado el 30 de mayo de 2017 en Santiago de Chile, afirma que sigue siendo la región más desigual del planeta.

En este ámbito, el informe anteriormente mencionado resalta que la noción de igualdad no es solo de “medios, ingresos o propiedad (…) sino también de igualdad en el ejercicio de derechos, a la igualdad en el desarrollo de capacidades y autonomías y a la igualdad de género, étnica, racial y territorial, entre otras”. Todas áreas en las que falta desarrollar un trabajo de manera equitativa en el continente.

Territorio heterogéneo: 46 millones de indígenas y 130 millones de afrodescendientes

La diversidad de culturas es una característica importante dentro de la región. Antes de la llegada colonizadora a América Latina, predominaban las civilizaciones Inca, Maya y Azteca. Sin embargo, existían grupos más pequeños cuyos descendientes se mantienen en algunas zonas geográficas del continente.

Según un informe del Banco Mundial, contabilizando la información de los censos realizados por países de la región que han desarrollado una política de reconocimiento de los pueblos indígenas, y que han generado estadísticas al respecto, se estima que hay más de 42 millones de ciudadanos indígenas en América Latina. Del total, 34 millones viven en México, Guatemala, Perú y Bolivia.

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El estudio Panorama Social de América Latina 2016, nombrado anteriormente, informa que en el territorio latinoamericano viven cerca de 46 millones de indígenas y 130 millones de afrodescendientes. Es decir, uno de cada cuatro habitantes de la región tiene descendencia indígena o africana.

“Esto significa que no se puede hablar de igualdad, de superación de la pobreza, de la agenda de derechos, sin considerar de manera muy clara la situación de estas poblaciones”, señala Laís Abramo, Directora de la División de Desarrollo Social de CEPAL, en el programa “Horizontes CEPAL” , acerca de la condición aún más desigual de los pueblos originarios.

Juventud y tecnología

Considerando aspectos como la diversidad y desigualdad es complejo realizar mediciones sobre tecnología que abarquen a toda la población de forma equitativa, aún así es un esfuerzo que se está realizando cada vez más en los países de la región. Tomando en cuenta por ejemplo, que el acceso a internet es considerado por la ONU como un derecho humano.

Siguiendo los datos del informe Estado de la Banda Ancha en América Latina y el Caribe 2016, publicado por CEPAL, un 54,4 por ciento de la población de la región utilizó Internet en 2015. Mientras que la brecha de uso con los países de la OCDE disminuyó de 37,2 p.p. en 2010 a 25,2 p.p. en 2015.

En cuanto al acceso a Internet dentro de los hogares, según el mismo estudio, este alcanzó un 43 por ciento del total en 2015. Entre los países con mayor crecimiento se encuentran Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Bolivia. Aunque es importante considerar que existe una variación de acceso dependiendo de la distribución geográfica de las personas, situación que se abordará más adelante.

Según el Índice de Desarrollo de las TIC (IDT) que mide el acceso, la forma en la que se utilizan, y el conocimiento que se tiene de las TIC,  Uruguay es el país de América Latina con el mejor índice (6,32), alcanzando el puesto 48 en el ranking mundial. Mientras que la media entre todos los países de América Latina es de 4,86.

Si nos centramos en el acceso por tramo etario de niños, niñas y jóvenes no existen mayores estudios a nivel Latinoamericano, pero sí investigaciones dentro de los países que dan cuenta de la gran cantidad de NNJ que utilizan Internet. Muchos de estos suelen llamar a los más jóvenes “nativos digitales”.

Existen especialistas que coinciden en que las nuevas generaciones que interactúan con las TIC desde la infancia se apropian de ellas más rápidamente. Según el Berkman Center For Internet and Society a este grupo se conoce como nativos digitales, personas que nacen en entornos rodeados por las TIC. Es importante aclarar que esta apropiación depende del contexto en el que nacen y de una serie de factores estructurales como el acceso educacional, nivel socioeconómico, ubicación geográfica, entre otros.

En Argentina, la “Encuesta Nacional sobre Acceso y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (ENTIC)”, expone que el 77,2 por ciento de la población de 10 a 19 años de zonas urbanas usó Internet en 2011. Por otra parte, en Brasil, según el “TIC Kids Online Brasil 2013”, un 75 por ciento de niños y niñas de 10 a 15 años son usuarios activos de Internet.

La “Encuesta sobre disponibilidad y uso de las tecnologías de la información”, realizada en México el 2013, señala que la mayor cantidad de la población que utiliza Internet son los jóvenes de 12 a 34 años (participación del 62,6 por ciento).

En el mismo año se realizó una investigación en Perú, que dio cuenta de que las niñas y los niños de 6 a 11 años utilizaron Internet en un 29,1 por ciento; mientras que los de 12 a 18 años lo usaron en un 53,4 por ciento, según informaciones del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Tampoco existen muchos datos en relación a los usuarios de Internet en la primera infancia, un estudio realizado en Chile el año 2015 por la entidad privada VTR indica que “el 31% de los niños entre 1 y 3 años usó Youtube, porcentaje que crece a 56% a los 5 años y supera el 90% a los 9 años”.

En relación a los usos que los NNJ les dan a estas tecnologías, no existe mayor recopilación de datos a nivel latinoamericano en la que se de cuenta de hábitos, preferencias y tiempos que los más jóvenes le dedican a utilizar celulares, computadores y otros dispositivos tecnológicos.

Uno de los estudios más detallados de los últimos años se realizó entre agosto de 2015 y abril de 2016 en Argentina. El informe “Chic@s Conectados. Investigación sobre percepciones y hábitos de niños, niñas y adolescentes en Internet y redes sociales”, parte de la iniciativa Global Kids Online (GKO), es una recopilación de encuestas realizadas a adolescentes entre 13 y 18 años, donde se incluyen temáticas de privacidad, seguridad, acceso y usos, competencias y habilidades en línea, entre otros.

Esta iniciativa ya se está realizando periódicamente en Brasil y se ha dicho que continuará expandiéndose a otros países de América Latina como Chile, Uruguay, Costa Rica y Ecuador.

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Apostando por las oportunidades y trabajando en los desafíos pendientes

En un mundo en que la tecnología avanza a gran velocidad, los académicos en conjunto con otros actores del sector público, privado, y de la sociedad civil, se enfrentan al desafío de tener que mantenerse informados de las tendencias, y al mismo tiempo, generar investigaciones, políticas públicas, proyectos e iniciativas coherentes con los contextos en los que se vive.

Están surgiendo cada vez más instancias donde se discuten temáticas relacionadas a las tecnologías digitales y el uso que le están dando los niños, niñas y adolescentes. El hecho de que exista un espacio regional como Conectados al Sur, donde se reflexione, y se brinden pautas para avanzar en la creación de políticas, programas, y proyectos que sean beneficiosos para la niñez y adolescencia, deja en evidencia el trabajo colaborativo existente entre países y la preocupación por estos temas.

La bandera de lucha común: crear entornos digitales seguros y provechosos, donde exista buena convivencia y primen valores ciudadanos como la participación, libertad de expresión y el respeto.

Esta idea se plasma en el concepto de ciudadanía digital que diversas organizaciones y académicos están promoviendo. Existen muchas definiciones que dan cuenta de dicha noción, algunas más ligadas al comportamiento cívico, otras a los derechos, o a pautas y normas de convivencia, pero en general todas apuntan a la necesidad existente de mejorar los ambientes en línea.

Según instituciones como la asociación Chicos.net y RedNatic ser un ciudadano digital implicaría, entre otras cosas, tener consciencia de las acciones que se realizan en línea y ser responsable de ellas, y supondría que en un mundo rodeado de tecnologías, las leyes del mundo “offline” también deben estar presentes o adecuarse al mundo “online”.

Mientras que de acuerdo a un estudio realizado por el centro de estudios Youth and Media del Berkman Klein Center for Internet & Society, la ciudadanía digital incluye componentes como:

-El compromiso civico y político: comprometerse a afectar asuntos públicos (posiblemente motivados personalmente) utilizando herramientas digitales y no digitales.

-Inteligencia Artificial y Algoritmos: comprensión de los sistemas de AI (Inteligencia Artificial) que se encuentran diariamente, los algoritmos involucrados en las plataformas con los que uno interactúa, y las conversaciones éticas que ocurren alrededor del desarrollo de estas tecnologías.

-Alfabetización Contextual: la capacidad de interpretar, comprender y ser consciente de factores contextuales de relevancia (por ejemplo, culturales, sociales, locales / regionales / globales) en una situación dada y participar eficazmente en ella.

-Alfabetización de Datos: la habilidad cognitiva y técnica para usar Internet y otras herramientas como plataformas digitales de manera efectiva para encontrar, interactuar, evaluar, crear y reutilizar datos.

-Producción de contenido: la capacidad de producir contenido utilizando herramientas digitales

-Acceso digital: saber conectar y acceder a Internet, individual o colectivamente

-Economía digital: saber navegar la actividad económica en los espacios digitales, tanto como consumidor o como productor de bienes.

-Alfabetización digital:  habilidad cognitiva y técnica de usar Internet y otras herramientas como plataformas digitales de manera efectiva para encontrar, interactuar, evaluar, crear y reutilizar información, así como para resolver problemas.

-Exploración de la identidad y formación: el conocimiento y las herramientas para utilizar las tecnologías digitales para explorar elementos de la propia identidad, y comprender cómo las comunidades a las que se pertenece, son también parte de nuestra identidad.

-Ley y Regulación:  conocimiento de los derechos, los marcos legales,conceptos y teorías que rodean a Internet y otras herramientas digitales.

-Bienestar: el conocimiento y la habilidad necesarios para contrarrestar los riesgos que presentan las herramientas digitales, para proteger el bienestar físico y mental.

-Seguridad: el conocimiento y la capacidad necesarios para proteger la integridad de nuestra información personal, los sistemas informáticos y los activos digitales.

-Privacidad y Reputación: el conocimiento y las habilidades para manejar la información personal compartida en línea con discreción, y la capacidad de proteger la privacidad tanto de uno mismo como de sus pares.

-Comportamiento en línea Positivo / Respetuoso: la capacidad de interactuar con otros en línea de una manera respetuosa, ética y empática.

-Alfabetización mediática: un compromiso crítico con los medios de comunicación.

 

Algunos participantes del evento Conectados al Sur explicaron que entienden ellos por ciudadanía digital de niños, niñas y jóvenes.

Andres Lombana, fellow at the Berkman Center for Internet & Society at Harvard University. Conectados al Sur 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Un ciudadano digital es una persona que reconoce que hay derechos y deberes, que debe tener una privacidad de datos, que debe tener un respeto hacia las otras  personas y entender cómo interactúa con las tecnologías digitales, que participa políticamente, y se puede organizar con otras personas y hacer grupos, colaborar, y que puede ayudar a solucionar conflictos cuando los encuentra en las diferentes plataformas, como la agresión y el acoso”.

 

Kate Pawelczyk, Social & Civic Media, UNICEF. Conectados al Sur 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Ser un ciudadano digital es sobre cómo traspasamos las responsabilidades que tenemos como ciudadanos en el mundo real al mundo online. Me gusta pensar en esto de dos formas, una en una forma personal, en el sentido de cómo puedo ser un buen ciudadano en un espacio online, con cosas básicas como la interacción con los demás, pero también hay una dimensión más política en el sentido de cómo uso este mundo online para hacer campañas, para luchar con sucesos de importancia social, para generar políticas sociales y movimientos en línea. Es algo individual y también un acto político”. 

 

María José Ravali, área de comunicación unicef Argentina. Conectados al Sur 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Para mi la ciudadanía digital es un concepto que replica el concepto de ciudadanía en el ejercicio de los derechos.El mundo digital lo que hace es generar oportunidades, y por otro lado, desafíos y problemas, en ese sentido me parece que todos tenemos que pensar cómo podemos maximizar las oportunidades que tenemos para el ejercicio del derecho a la participación, a la información, y cómo proteger determinados derechos que pueden verse vulnerados con la violencia, el bullying y el grooming”.

 

 

Daniela Tejada Coordinadora de Participación Adolescente, UNICEF. Conectados al Sur 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Primero tenemos que saber cómo entender el concepto de ciudadano, por ahí va el tema de vivir en comunidad, aprender a vivir en comunidad, tener reglas de convivencia para una mejor calidad de vida y respetarnos unos a otros, si pasamos eso al ámbito digital encontramos que necesitamos estos mismos espacios de encuentro, de interacción de comunidad, para potenciar el bienestar de todos, generar mayor conocimiento, generar intercambio de información. Esta comunidad digital es este espacio abierto, internet, redes sociales y las plataformas que existen y donde todos, desde los más pequeños, somos conscientes de sus potencialidades como también de las restricciones”.

 

Así, y como se verá a en el presente reportaje, uno de los desafíos que existe en la actualidad gira en torno a cómo dar mayor cabida a las promesas que tiene internet, y en buscar fórmulas para terminar con las principales barreras y limitantes que se encuentran en el mundo online.

¿Qué conocemos de juventud e infancia en América Latina?
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