¿La ONU y la FAO recomendaron comer insectos? Sí.

Hoy os voy a hablar sobre el informe que hace varios meses publicó la FAO recomendado comer más insectos. Se trata de un informe que aquí en Occidente dio mucho que hablar debido a la rareza de esta recomendación en nuestra cultura, aunque en otros muchos sitios es más que habitual. Muchos fueron los medios que se hicieron eco de ese estudio que, en contra de lo que muchos pensaron, no se trató de un fake ni de una noticia inventada, si no que es un informe real y fundamentado, al igual que sucedía con el poder curativo de ciertas plantas medicinales de las que os hablé en el post anterior.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conocida como FAO por sus siglas en inglés (Food and Agriculture Organization) publicó un informe titulado The Contribution of Insects to Food Security, Livelihoods and the Environment, es decir, “La contribución de los insectos a la seguridad alimentaria, los medios de vida y el medio ambiente“. En este informe se aboga fuertemente por la entomofagia.

La entomofagia es, ni más ni menos, el consumo de insectos por los seres humanos. La palabra viene del griego antiguo ἔντομος [éntomos], que significa “insecto”, y φᾰγεῖν [făguein] que significa “comer”. La entomofagia es una práctica habitual en numerosos países a lo largo de todo el mundo, pero principalmente en regiones de tres continentes, África, Asia y América Latina. En Tailandia, por ejemplo, es más que normal ver en los mercados callejeros de Bangkok diferentes puestos de venta de insectos comestibles, cualquier cucaracha, saltamontes, escorpiones, gusanos, etc. algo que nos puede sorprender a los turistas occidentales pero que, como digo, es algo normal en su cultura. Y no solo en Tailandia, puesto que se calcula que la ingesta de todo tipo de insectos es el complemento de la dieta de 2000 millones de personas en todo el mundo, aproximadamente.

Variedad de insectos en un puesto de comida callejera en Bangkok

Ventajas ambientales de alimentarse con insectos

Los insectos comestibles podrían desempeñar un papel fundamental en la reducción de emisiones nocivas del planeta, que tanta falta nos hace. Así pues, por ejemplo, los gases de efecto invernadero producidos por la mayoría de los insectos son inferiores a los del ganado tradicional (los cerdos contaminan de 10 hasta 100 veces más gases de efecto invernadero por kilogramo de peso, por citar un caso) y el agua que estos requieren o utilizan es mucho menor que la del ganado.

Además, los insectos son muy eficientes en la conversión de alimentos, se necesita mucha menos cantidad de alimento de la que se necesita para producir en un animal un incremento de 1 kg en su peso. Según la FAO “los insectos pueden convertir 2 kg de alimento en 1 kg de masa de insecto, mientras que el ganado requiere 8 kg de alimento para producir 1 kg aumento de peso corporal”.

Tampoco hay que olvidar que ellos se pueden alimentar de nuestros residuos, de abono, estiércol, etc. transformándolos en proteínas de alta calidad, que nos podemos comer nosotros o utilizar como piensos para otros animales.

Ventajas de comer insectos para nuestra salud

Claro que, de poco servirían estas ventajas medioambientales y economómicas si luego estuviera probado que es un riesgo para nuestra salud alimentarnos a base de insectos o complementar nuestra dieta con ayuda de estos. Sin embargo, lo que viene a decir este importante organismo de la ONU con su informe es que, no solo no es perjudicial para la salud si no que, además es bastante más beneficioso que otros alimentos que copan nuestra dieta. Según la FAO los insectos tienen unos valores nutricionales muy interesantes, aportan muchos más nutrientes y proteínas de gran calidad que la carne o el pescado. Además, contienen también unas grasas saludables (una cantidad de ácidos grasos comparable a la de los pescados), amén de otros muchos micronutrientes importantes, como por ejemplo hierro, fósforo,  cinc, etc., así como una elevada cantidad de fibra.

Por todo ello, los insectos son muy importantes ya que abundan y podrían contribuir a paliar el hambre en muchas partes del planeta. 😉

El uso de las plantas medicinales

Si en el post anterior os hablaba del mito alimentario de beber 2 litros de agua al día y de cómo se malinterpretó un estudio científico sobre la cantidad diaria de agua recomendada, hoy os vengo a hablar de otro asunto que ha dado mucho de que hablar pero que, en este caso, no se trata de un mito, sino que ha sido comprobado científicamente en numerosas ocasiones: el uso medicinal o terapéutico de ciertas plantas.

No hay que confundir, como le pasa a mucha gente, la medicina natural o tradicional a base de hierbas y plantas, con la homeopatía. La diferencia es que la homeopatía es una pseudociencia, una creencia que no es eficaz para tratar ninguna enfermedad y que no ha podido demostrar científicamente su efectividad, más allá de lo que puedes conseguir mediante el efecto placebo. Fue creada por el médico Samuel Hahnemann, quien afirmaba que lo que enfermaba al hombre también lo podía curar, si se administraba en pequeñas dosis. Pero ni caso, hasta el momento no ha demostrado un poder de curación mayor que cualquier otro placebo (una píldora vacía, por ejemplo, y que el paciente crea que es un medicamento). 😉

Pero como decía, mucha gente confunde esto con las plantas medicinales, probablemente porque ambos productos se venden en el mismo lugar, el herbolario de tu ciudad. En este tema también hay también enormes engaños cometidos por personas sin escrúpulos. Es frecuente ver, por ejemplo, cómo se otorgan a ciertas hierbas poderes casi sobrenaturales (y tampoco es eso 😉 ) pero sí hay muchas plantas que realmente curan muchas dolencias y/o enfermedades y así se ha demostrado en numerosos estudios científicos.

Una de ellas, es el anís o Pimpinella anisum, una planta originaria de Oriente que ya desde hace siglos está presente en nuestro país. Las propiedades medicinales del anís son muy variadas: es carminativo (favorece la digestión y la expulsión de los gases del tubo digestivo), alivia los cólicos y las náuseas, mejora el apetito, etc. Por otro lado, también es importante el hecho de que mejora la producción de leche en las madres durante la lactancia.

Otra de ellas, y seguro que es en la primera que habéis pensado al ver el post 🙂 porque es la que más polémica genera es la marihuana. La marihuana terapéutica ha demostrado ser MUY efectiva en algunas dolencias y/o enfermedades como por ejemplo la esclerosis múltiple, cáncer, fibromialgia, etc. Sin embargo, el hecho de que sea también una droga recreacional de la que muchos jóvenes abusan y se enganchan (y tampoco es inocua, tiene sus riesgos) hace que esta sustancia todavía sea ilegal en muchos países, incluso en sus vertiente medicinal, a pesar de que se haya demostrado su efectividad y de que pueda mejorar la vida de muchísimos enfermos. Este es el caso de España, mi país, en donde se estima que entre 50.000 y 100.000 enfermos utilizan de forma clandestina esta hierba para mitigar sus dolores.

En España el asunto se ha ido retrasando y postergando en el tiempo por parte del gobierno. El Congreso aprobó en abril, ya con meses de retraso, estudiar el asunto de la legalización del cannabis terapéutico pero todavía a día de hoy no se sabe nada ni qué medicos expertos en la materia intervendrán en la subcomisión. Esperemos tener buenas noticias en los próximos meses, como ya han hecho otros países como Canadá, Países Bajos, Alemania e, incluso, muchos de los estados de Estados Unidos.