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Mujeres en Borges

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Un análisis de las pocas mujeres que aparecen en los textos de Borges

La gran mayoría de los personajes en los cuentos de Jorge Luis Borges son hombres, un hecho que ha sido notado por varios académicos (1). ¿Como debemos analizar las pocas mujeres que existen en el mundo Borgeano? Dentro de los análisis más relevantes están el de Psiche Hughes, quien se enfoca en el desinterés que Borges demuestra con respecto al amor, y el de E. D. Carter, Jr., que argumenta que, “cuando trata con el tema del erotismo, lo erótico es casi invariablemente nada más que un medio para un fin [mi traducción]” (35, 18). Un análisis detallado, trans-Borgeano de personajes femeninos como objetos sexuales, como escenarios o catalizadoras de lo tabú, y como indicadores o armas letales del destino, revela una interpretación de la presencia de estos personajes como una que es importante y esencial.

Primero consideraré el análisis de mujeres como objetos sexuales. El ejemplo más claro es, indudablemente, Juliana Burgos de “La intrusa.” En este cuento, los hermanos Nilsen comparten a Juliana y la terminan matando. Desde el principio, está claro que Juliana es un objeto presente exclusivamente para la gratificación sexual de los hermanos y para ocuparse de los deberes domésticos. Cristián Nilsen le dice a su hermano, Eduardo, “Yo me voy a una farra en lo de Farías. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés, úsala [itálicas mías]” (1026). Poco después, “Cristián se levantó, se despidió de Eduardo, no de Juliana, que era una cosa, monto a caballo y se fue al trote [itálicas mías]” (1026). En general, se nota una discrepancia importante entre lo que comenta el narrador sobre los hermanos—que “estaban enamorados”—y cómo funcionan las cosas en la casa Nilsen (1026). Por ejemplo, esta deshumanizada: “La mujer atendía a los dos con sumisión bestial” (1027). Y, literalmente, es un objeto para transportar, ignorar, y vender: “Un día, le mandaron a la Juliana … le hicieron llenar una bolsa con todo lo que tenía … Sin explicarle nada la subieron a la carreta … Ahí la vendieron a la patrona del prostíbulo” (1027).

El segundo ejemplo de una mujer en rol de objeto sexual es la amante de Bandeira en “El muerto.” La segunda vez que es descrita, ya hay énfasis en su sexualidad y vulnerabilidad: “Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza” (547). Otálora, quien quiere usurpar al jefe (Bandeira), ve a esta mujer como un premio simbólico y físico. El narrador describe esta dinámica: “Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente” (548). Cerca del final de la historia, cuando Otálora cree que su intento de usurpación ha sido exitoso, el mide su éxito en parte por el hecho de haberse acostado con esta mujer. El narrador explica esta escena de aparente éxito, “esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jefe y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente” (548). En la última escena de la historia, vemos otro ejemplo de la objetificación de esta mujer: “Sale a medio vestir y descalza” y el jefe le ordena, “Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos” (548).

Aparte de estos ejemplos extremos de objetificación y hasta violencia, existen otros en el cual esto es menos obvio. En el cuento “Hombre de la esquina rosada,” compadrito Francisco Real el Corralero, se acerca a otro, Rosendo Juárez el Pegador, y lo desafía a una pelea de cuchillos. Jorge Panesi argumenta que la mujer de Rosendo, conocido como la Lujanera, “es una cosa convertida en símbolo de propiedad (moneda o cacharro que puede partirse y servir de consigna simbólica o de intercambio entre los hombres)” (61). Es verdad que en algunas instancias la tratan de forma muy degradante. Cuando, después de haber sido apuñalado, el Corralero intenta entrar al salón de vuelta, él le grita a la Lujanera, “¡Abrí te digo, abrí guacha arrastrada abrí, perra!” (333). Al mismo tiempo, la Lujanera es bastante fuerte e independiente, ya que se interpone entre Rosendo y Francisco Real y decide ella misma irse a bailar con Real (331, 332). Esto demuestra que, aunque no tenga mucho poder, ella llega a usar su posición en algunas instancias como ventaja.

Otro ejemplo de una mujer usando su cuerpo para realizar alguna meta es Emma Zunz en “Emma Zunz.” Como parte de un plan más extenso de asesinar al señor que ella culpa por la muerte de su padre, ella se acuesta con un extraño (566). En “El Guerrero y la cautiva,” la sexualidad es aún más sutil. En la segunda parte de este cuento, una inglesa que había sido secuestrada por unos indios habla con la abuela del narrador Borges. Ella le cuenta que, “ahora era mujer de un capitanejo, a quien ya había dado dos hijos” (559). Este resultado afirma que, por violación o por relaciones consensuales, la cautiva ha tenido sexo con un indio. También es interesante notar que la cautiva y la abuela del narrador Borges son los únicos personajes femeninos de los textos explorados en este ensayo que explícitamente son madres, ósea que hayan producido hijos como resultado de sus sexualidades. Finalmente, consideraremos la muchacha Gutre en “El Evangelio según Marcos.” En este cuento, un estudiante, Baltasar Espinosa, viaja a una estancia y pasa unos días con solo los Gutres. Una noche, la muchacha aparece “descalza” y “desnuda”—descripción cuya es muy parecida a la de la amante de Bandeira—afuera de su cuarto (1071). El narrador cuenta que: “No lo abrazo, no dijo una sola palabra; se tendió junto a él y estaba temblando. Era la primera vez que conocía a un hombre. Cuando se fue, no le dio un beso; Espinosa pensó que ni siquiera sabía cómo se llamaba” (1071). Este encuentro sexual no parece haber sido romántico, quizás por lo que razona Hughes, pero es significante ya que Espinosa es el primer amante de la muchacha y ella es el último de él.

Analizando a los personajes femeninos de otra forma, podemos ver que ellas acompañan muchos momentos o interpretaciones eróticas tabú o semi-tabú. Por ejemplo, en “El Aleph,” el personaje de Borges descubre que Beatriz Viterbo, su amante no correspondida y muerta, había tenido una relación incestuosa con su primo, Carlos Argentino (626). En otro ejemplo, Carter destaca a Emma Zunz como el único personaje femenino de Borges que haya sido desarrollado psicológicamente y argumenta que ella está motivada parcialmente por conflicto edípico (17). También existen muchas teorías sobre “La intrusa,” que hasta con una lectura estricta se podría considerar semi-tabú ya que son dos hermanos compartiendo una mujer (1026). Panesi propone algo aún más chocante, que, “el final de “La intrusa” sella con la muerte de la mujer un pacto que es, a la vez, incestuoso y homosexual” (63). En “El Guerrero y la cautiva,” se podría decir que la “vida feral” de la india inglesa, que incluye “la guerra, el caudaloso arreo de las haciendas por jinetes desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia,” es en sí horripilante para la abuela del personaje de Borges precisamente porque es una vida semi-erótica y bárbara—a lo menos en comparación, seguramente, a la suya (559). De forma parecida, el encuentro entre Espinosa y la muchacha Gutre es un encuentro entre lo civilizado y lo semi-bárbaro. Puede ser por esto que Espinosa, “juro que en Buenos Aires no le contaría a nadie esa historia” (1071).

En esta última porción, analizaremos a los personajes femeninos como “mujeres fatales.” El ejemplo más obvio es Emma Zunz, ya que ella literalmente y directamente mata a Aarón Lowenthal (567). A primera vista, Juliana Burgos, al haber sido asesinada ella misma, parece la antítesis de una mujer fatal, y puede ser que lo sea. Al mismo tiempo, los hermanos Nilsen la tratan como un elemento toxico y posiblemente letal—a lo menos para su masculinidad y para su relación fraternal. En un momento, el narrador comenta que el estar enamorados, “los humillaba,” ya que, “En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión” (1026). Cuando se arrepienten de haberla vendido y la compran de vuelta, se describe como, “los dos habían cedido a la tentación de hacer trampa,” insinuando que todo es la culpa de Juliana (1027). Más tarde, refieren a Juliana explícitamente como la “que había traído la discordia” (1027). Y después de matarla, Cristián le dice a Eduardo: “Hoy la mate … Ya no hará más perjuicios” (1028). Otra muerte figurativa causada por una “mujer letal” se encuentra en “El Aleph.” Se podría decir que la muerte verdadera de Beatriz causo una muerte figurativa en el personaje de Borges, ya que, “Beatriz Viterbo murió en 1929; desde entonces, no deje pasar un treinta de abril sin volver a su casa” (618). De forma parecida, se podría decir que la cautiva causo una pequeña muerte para la abuela de Borges después que ella: “volvió, esa noche, al desierto. Francisco Borges moriría poco después, en la revolución del 74; quizá mi abuela, entonces, pudo percibir en la otra mujer … un espejo monstruoso de su destino” (559).

Un otro ángulo desde el que se puedo analizar el arquetipo de la “mujer fatal” es la mujer como signo y agente del destino. Hughes escribe sobre esta relación:

Mediante que el héroe trata de descubrir la forma y el significado de su existencia, es frecuentemente una mujer quien primero percibe algo sobre él. Entonces ella sabe que el hombre va a morir, pero ella no hace nada para evitarlo, ya que es esta muerte que marca la compleción de su destino [mi traducción]. (41)

Dentro de sus ejemplos está “El muerto,” con el llorar de la amante de Bandeira como evidencia que ella percibe que van a matar a Otálora, y “El Evangelio según Marcos,” en el cual Hughes postula que la muchacha Gutre tiene un encuentro sexual con Espinosa porque sabe que va a ser crucificado al día siguiente (549, 1072). Usando este marco, también se podría agregar la Lujanera, ya que primero se escucha que está llorando y después entra con el Corralero, quien ha sido apuñalado y va a morir (333). Más tarde hasta la acusan directamente–e incorrectamente— de haberlo matado ella misma (334).

En conclusión, es claro que, aunque las mujeres en el mundo de Borges no tengan mucha presencia en términos de cantidad, sí tienen roles importantes en las historias de Borges, independiente de las experiencias o las opiniones del autor propio.

Notas

1 E.D. Carter, Jr. escribe que: “Desde 1935, Borges ha publicado unos sesenta cuentos. Mujeres aparecen como más que personajes secundarios o periféricos en solo nueve de estos cuentos, pero asumen una variedad de roles [originalmente en inglés, mi traducción]” (13).

Bibliografía

Borges, Jorge Luis. “El Aleph.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (El Aleph). Buenos Aires: Emecé Editores. 617-628.

Borges, Jorge Luis. “El Evangelio según Marcos.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (El Informe de Brodie). Buenos Aires: Emecé Editores. 1068-1072.

Borges, Jorge Luis. “El Muerto.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (El Aleph). Buenos Aires: Emecé Editores. 545-549.

Borges, Jorge Luis. “Emma Zunz.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (El Aleph). Buenos Aires: Emecé Editores. 564-568.

Borges, Jorge Luis. “Hombre de la esquina rosada.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (Historia Universal de la Infamia). Buenos Aires: Emecé Editores. 329-334.

Borges, Jorge Luis. “La Intrusa.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (El Informe de Brodie). Buenos Aires: Emecé Editores. 1025-1028.

Carter, E. D. “Women in the Short Stories of Jorge Luis Borges.” Pacific Coast Philology, vol. 14, 1979, 13–19. JSTOR, www.jstor.org

Heinrich, Milena. “Amigas, cómplices, amantes y admiradoras: las mujeres de Borges.” Télam. 13 de junio, 2016. http://www.telam.com.ar/notas/201606/151… las-mujeres.html

Hughes, Psiche. “Love in the Abstract: The Role of Women in Borges’ Literary World.” Chasqui, vol. 8, no. 3, 1979, 34-43. JSTOR, www.jstor.org

Panesi, Jorge. “Mujeres: La Ficción de Borges.” Narrativa Argentina, Décimo encuentro de escritores Dr. Roberto Noble. Buenos Aires: Fundación Roberto Noble, 1997. Editado por Liliana Lukin. 58-64.https://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/Panesi%20Mujeres.pdf

Puglia, Ricardo. “Sobre Borges.” Cuadernos de recienvenido, núm 10. Universidad de Sao Paulo. https://www.borges.pitt.edu/sites/defaul…

Matemática en Borges

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Expandiendo los límites de la expresión escrita con el uso de conceptos de matemática y lógica aplicado a los textos de Borges

El universo, el infinito, el todo, y otras totalidades presentan problemas de expresión. Este es uno de los temas principales de los textos Jorge Luis Borges. En “El Aleph,” por ejemplo, el personaje principal, quien narra la historia y se llama Borges, ve un aleph, dentro del cual ve todo el universo. En ese momento, él se encuentra cara a cara con este problema de expresión, lamentando que, “Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor … ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca?” (624). Varios de los personajes de Borges lidian con estas mismas preguntas al enfrentarse con la tarea de entender y expresar totalidades “inconcebibles” como el universo (626). Resaltando los elementos de matemática y de lógica que aparecen en estas historias, podemos analizar como el lenguaje, el sistema general de organización de datos, y la innumerabilidad de las totalidades afectan la expresión de lo inefable en los textos de Borges.

Primero, consideramos el significado del lenguaje como vehículo limitado de expresión. En “La biblioteca de Babel,” el narrador describe un mundo en el cual existe una biblioteca que, “es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos … o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas” (467). El narrador se encuentra con un problema de expresión al intentar comunicar lo que se encuentra dentro de los libros. En “El Aleph,” el narrador Borges se encuentra en una situación parecida al intentar describir el universo. Y en “Funes, el memorioso,” el narrador intenta describir a Ireneo Funes, quien tiene memoria y percepción “infalibles” al punto que “no solo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado” (488, 489). En un segmento parecido al previamente discutido en “El Aleph,” el narrador de “Funes,” dice: “Arribo, ahora, al más difícil punto de mi relato … No tratare de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo” (487-9). Entonces, todos estos personajes se encuentran limitados por su lenguaje al tener que expresar lo inefable.

Igual, estos narradores experimentan con la expresión de estas totalidades. El narrador en “La biblioteca” dice, “Todo: la historia minuciosa del provenir, las autobiografías de los arcángeles, … los libros perdidos de Tácito” (467-8). En “El Aleph,” aun reconociendo que, “Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten,” el narrador considera como expresar el inefable universo (624). Termina eligiendo una lista en forma de una oración larguísima que empieza con, “Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde …” (625-6). Al igual, en “Funes,” el narrador enumera ejemplos para comunicar, como puede, la experiencia diaria de Funes:

Sabia las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que solo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levanto en el Rio Negro… (488)

Estos intentos de expresar lo inefable, lo inconcebible, se pueden entender, en un sentido literario, simplemente como sinécdoques, pero los personajes no se encuentran satisfechos con estas descripciones.

Esto promueve, en algunos casos, discusión de diferentes sistemas de clasificación de los elementos de una totalidad. Otro de los textos de Borges, “El idioma analítico de John Wilkins,” explora esto, el hecho de crear nuevos sistemas de lenguaje para organizar el universo, extensivamente. El narrador declara que: “no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo” (708). Este podría interesarse en el narrador de Funes quien hace referencia a Locke ya que él, “postulo (y reprobó) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera un nombre propio” (489). En “El idioma,” el narrador considera diferentes formas de clasificar el universo. El sistema de Wilkins, por quien se llama la historia, se basa en la “[división del] universo en cuarenta categorías o géneros, subdivisibles luego…” (707). Entonces, “las palabras … no son torpes símbolos arbitrarios; cada una de las letras que las integran es significativa…” (707). Este también da el ejemplo de un instituto de Bruselas que, “también ejerce el caos: ha parcelado el universo en 1000 subdivisiones…” (708).

Al mismo tiempo, cada sistema de clasificación tiene ventajas y desventajas. Funes, por ejemplo, “había discurrido un sistema original de numeración” en el cual asignaba otras palabras a cada número (489). Este, nota el narrador, no es un mejor sistema ya que no usa abstracción para simplificar la clasificación (489). En una nota al pie de página en “El idioma,” el narrador dice: “Teóricamente, el número de sistemas de numeración es ilimitado. El más … registraría un número infinito de símbolos, uno para cada número entero; el más simple solo requiere dos [0 y 1]” (707). Obviamente el “más complejo,” es solo otra versión del que propone Funes y no es nada práctico. El sistema “más simple” es el sistema binario que se usa extensivamente en lógica e informática, formando la base de otros lenguajes de programación más abstractos. Pero un sistema de clasificación ineficaz puede ser mejor que el directamente no tener un sistema, como en “La biblioteca,” donde no hay forma de encontrar libros específicos más allá de chequearlos individualmente, uno por uno.

Finalmente, vemos que los conceptos del infinito y de lo innumerable aparece frecuentemente. En “El Aleph,” el narrador describe que, “Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas” (625). Y dentro de las cosas que ve en el aleph está “convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena” (625). En “Funes,” Funes ve hasta “la innumerable ceniza” (488-89). La idea de una cosa compuesta de infinitas partes es un concepto fundamental de la matemática y lógica. La primera oración de “La biblioteca” es, “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales” (465). El narrador la caracteriza como “interminable” y explica que, aunque algunos libros sean destruidos, “la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal” (465, 469).

Cualquiera que estudie matemática, lógica, o informática seguramente encontrará varias conexiones entre estas materias y las escrituras de Borges, especialmente en momentos de problemas de expresión. Y, como dice el narrador de “El idioma,” “La imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que estos son provisorios” (708). Con esto en mente, es seguro que, en futuros estudios y proyectos, valdrá la pena investigar con más profundidad las conexiones entre las materias discutidas y los textos de Borges.

 

Bibliografía

Borges, Jorge Luis. “El Aleph.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (El Aleph). Buenos Aires: Emecé Editores. 617-628.

Borges, Jorge Luis. “El idioma analítico de John Wilkins.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (Otras Inquisiciones). Buenos Aires: Emecé Editores. 706-709.

Borges, Jorge Luis. “Funes el memorioso.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (Ficciones: Artificios). Buenos Aires: Emecé Editores. 485-490.

Borges, Jorge Luis. “La biblioteca de Babel.” Jorge Luis Borges – Obras Completas (Ficciones). Buenos Aires: Emecé Editores. 465-471.

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