Divide and conquer / Divide y vencerás

Los regímenes político-populistas en distintas partes del mundo usan técnicas de comunicación orientadas a segmentar y dividir a las audiencias de acuerdo con los mensajes a colocar. En un fenómeno de posverdad posmoderna, la verdad basada en evidencia no es lo que cuenta, sino los sentimientos, las narrativas y el punto de vista subjetivo.

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En esa dinámica, algunas redes sociales juegan un papel fundamental. En un giro inesperado para lo que inicialmente fueron creadas, redes sociales como Twitter, Facebook y hasta YouTube son ahora manipuladas para enviar mensajes que crean narrativas políticas convenientes para un gobierno o sector político. En un inicio, estas redes fueron creadas para conectar personas, pero ahora generan mayor desconexión a través de la polarización de ideas.

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En conversaciones que he tenido con diversos expertos en redes sociales, comunicación y análisis político como Pablo Majluf y Leo García, coinciden en que las redes son un arma de doble filo: por una parte conectan, pero por otra son utilizadas para generar narrativas polarizantes. Un ejemplo es que, desde el equipo de comunicación del gobierno del presidente López Obrador, se crean narrativas diarias a través, principalmente, de la deslegitimación de los mensajeros, no obstante que tan válido o cierto sea su mensaje.

Este no es un fenómeno exclusivo del gobierno. En un reciente episodio en Twitter, la analista progobierno Estefanía Veloz fue linchada en Twitter por publicar un video en Tik Tok relacionado con el aborto. Sin entrar en los méritos del mensaje o su validez, los mensajes que recibió durante varios días han sido desmesurados. A su vez, al quite entró otra red de usuarios progobierno que buscaron contrariar las narrativas en su contra. Es este un perfecto patrón de polarización sin mayor sustento, de una u otra parte, que el fragmentar.

Lo interesante es que estos movimientos, manipulados u orgánicos, no debiesen tener teóricamente un efecto tan profundo en democracias como la nuestra. Sin embargo, lo tienen. Su impacto se hace sentir no tanto por sus efectos inmediatos en las redes sociales, sino al trasladase a otros medios como WhatsApp. El sectarismo vende, sobre todo en tiempos de sequía. Lo mismo sucede con algunos personajes en redes como YouTube; algunos de ellos tienen más impacto monetizable que otros medios. Su monetización se hace a través de la publicidad así que, entre más morbosa la noticia, más redituable.

¿Qué lecciones podemos aprehender de todo esto?  En un país con pocos lectores, los contenidos audiovisuales son más efectivos, al menos en México. A veces, en política vale más un video, con o sin sustento científico o de hechos reales, en YouTube bien posicionado que muchos desplegados bien pensados en otro medio.

La otra lección es que la división y polarización puede llevar a un lugar muy peligroso. Entre más divididos diversos sectores de la población, mayor resentimiento hacia los “otros”. Esto eventualmente puede llevar a un punto de no retorno, donde se verá a los “otros” como un ente etéreo, deshumanizado, tal y como se hace en cualquier guerra.

Por eso es importante se emitan mensajes de unidad desde las más altas esferas del poder político. De lo contrario, no habrá vuelta de hoja.


Political populist regimes in different parts of the world use communication techniques aimed at segmenting and dividing audiences according to the messages to be inserted as narratives. In a postmodern, post-truth phenomenon, it’s not the evidence-based truth that counts, but the feelings, the narratives, and the subjective point of view.

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In this dynamic, some social networks play a fundamental role. In an unexpected twist for what they were initially created for, social networks like Twitter, Facebook and even YouTube are now manipulated to send messages that create political narratives suitable for a government or political sector. Initially, these networks were created to connect people, but now they generate greater disconnection through the polarization of ideas.

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In conversations that I had with various experts in social networks, communication and political analysis such as Pablo Majluf and Leo García, they agree that networks are a double-edged sword: on the one hand they connect, but on the other they are used to generate polarizing narratives. An example is that, from the communication team of the government of President López Obrador, daily narratives are created through, mainly, the delegitimization of the messengers, regardless of how valid or true their message is.

This is not an exclusive phenomenon used by the government. In a recent Twitter episode, pro-government analyst Estefanía Veloz was lynched on Twitter for posting a video on Tik Tok related to abortion. Without going into the merits of the message or its validity, the hateful messages she received for several days have been inordinate. In turn, another network of pro-government users who sought to counter the narratives against her entered the fray. This is a perfect pattern of polarization with no greater support, on one side or another, than to fragment opinion.

The interesting thing is that these movements, manipulated or organic, should not theoretically have such a profound effect on democracies like ours. Yet they do. Its impact is felt not so much by its immediate conversation on social networks, but by moving them to other media such as WhatsApp and newspapers. Sectarianism sells, especially in times of drought. The same happens with some characters on networks like YouTube; their videos seem to have more monetizable value than other media. Its monetization is done through advertising so, the more morbid the news, the more clicks and more profit.

What lessons can we learn from all this? In a country with few readers, audiovisual content is more effective, at least in Mexico. Sometimes, in politics, a well-positioned video on YouTube, with or without scientific or factual support, is worth more than many well-thought-out and edited media in other traditional platforms.

The other lesson is that division and polarization can lead to a very dangerous place. The more divided different sectors of the population, the greater resentment towards “others”. This can eventually lead to a point of no return, where “others” will be seen as an ethereal, dehumanized entity, as is done in any war narrative.

That is why it is so important that messages of unity are issued from the highest spheres of political power. Otherwise, there will be no turning of the page.

Originally published in Excelsiorhttps://www.linkedin.com/in/rperezalonso/

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